Para conocer a fondo una zona, nada vale más que degustar sus productos típicos y comer como la gente que vive allí. Deja que te llevemos a descubrir los auténticos sabores de Bérgamo.
Embárcate en un viaje a la cultura del queso: con 30 quesos tradicionales, 9 quesos DOP y 3 baluartes slow-food, Bérgamo está considerada la Capital Europea del Queso. Gracias a una antigua tradición quesera, la ciudad recibió el título de Ciudad Creativa de la Gastronomía y el Vino de la Unesco en 2019. Puedes degustar sus quesos en restaurantes típicos o visitar una de las queserías locales. Cada quesería está especializada en determinados tipos de queso.
Los casoncelli, cofres de pasta rellena, encierran sabores y conocimientos ancestrales. Un relleno rico y sabroso que lleva a la mesa la esencia de la cocina bergamasca. Cada mano los rellena con su propio matiz inconfundible. Condimentados con mantequilla, tocino y salvia, celebran la sencillez y la transforman en una experiencia gustativa inolvidable.
También hay una versión vegetariana, el famoso Scarpinocc, relleno de pan y queso rallado.
Pruébalos y, si te gustan, aprende a hacerlos tú mismo en uno de los talleres de Casoncello.
La polenta, el oro amarillo de los bergamascos, es uno de los platos emblemáticos de la tradición bergamasca, junto con el conejo, la ternera estofada, el jarrete de cerdo o una buena loncha de salchichón local.
Cada bocado cuenta historias de antiguos conocimientos y convivencia.
Un vino exclusivo de la zona: es un vino de uva pasa moscatel de bayas rojas que sólo se cultiva en 31 hectáreas. Precioso. Para degustar en una de las bodegas locales.
En las pintorescas estribaciones, entre el río Adda al oeste y el lago de Iseo al este, se extienden los frondosos viñedos de Valcalepio. Con una superficie de unas 900 hectáreas, estas hileras de viñas hablan de una tradición vinícola arraigada en el territorio, en la que el paisaje se funde con la cultura del buen vino.